domingo, 8 de febrero de 2015

Afrodescendientes en México

5 septiembre 2014. Muchos ignoramos la contribución de mujeres y hombres africanos y afrodescendientes a la construcción de México. Sorprendió mucho que en Estados Unidos se eligiera al frente del Poder Ejecutivo a un afrodescendiente; y sin embargo, poco se reconoce que el segundo presidente de nuestro país, Vicente Guerrero, tenía ascendencia africana, y tampoco se habla de esa misma condición de su mentor y célebre libertador: José María Morelos. La publicación reciente de María Elisa Velázquez y Gabriela Iturralde es una verdadera lección sobre la historia de silencio y discriminación hacia afrodescendientes o afromexicanos (Afrodescendientes en México, Conaculta/INAH, 2012). La mayoría de esos grupos arribaron de manera forzada, fundamentalmente durante el periodo virreinal, y otros inmigraron en los siglos XIX y XX. Se trata de poblaciones que han sido ignoradas, menospreciadas y excluidas. El comercio de personas esclavizadas provenientes de África como mano de obra fue clave para la extracción minera y para las haciendas ganaderas y azucareras, después de la caída demográfica de cerca de 90 por ciento de la población indígena, por la guerra de conquista y las enfermedades. Gonzalo Aguirre Beltrán fue el primero en demostrar que en los siglos XVI y XVII esa población fue el segundo grupo más importante en la Nueva España, en términos sociales, económicos y culturales. El libro nos entera también de que, además de ser cura de Cuarácuaro, quien abolió la esclavitud y promulgó la igualdad de todos fue el afromexicano José María Morelos. Cuando había 6 millones de población mayoritariamente indígena, otros grupos procedían de uniones entre personas indígenas, españolas, africanas y asiáticas. La población de origen africano tomó distintas posiciones con respecto al estallido insurgente de 1810. Milicias de mulatos y pardos defendieron el puerto de Veracruz frente a las tropas realistas; en contraste, en lugares donde la esclavitud estaba vigente, como ocurría en la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, los afrodescendientes se vincularon más con los ejércitos realistas. Pero el apoyo más documentado de grupos negros y mulatos a la causa independentista fue el de las tropas de José María Morelos, quien arrancó el movimiento en la Tierra Caliente del Pacífico y más tarde dio a conocer su proyecto político Sentimientos de la nación. Cuando Morelos cayó prisionero de las fuerzas realistas, fue víctima de torturas brutales de la Inquisición y se le declaró hereje, profanador de los sacramentos y traidor a Dios, al rey y al papa. En lo que pareciera un sarcasmo contra sus rasgos físicos y color de piel, la junta conciliar estipuló que en el remoto caso de que no se le condenara a muerte, debía ser deportado a África. El otro líder del movimiento insurgente y descendiente de africanos es Vicente Guerrero, el que sostuvo la lucha en años muy críticos, hasta que pactó con Iturbide la consumación de la Independencia. En este mes patrio recordamos su entrada triunfal con el Ejército Trigarante a la Plaza Mayor, el 27 de septiembre de 1821. En la plaza que antes fue el recinto ceremonial de la Gran Tenochtitlan, cuando todavía estaba la Piedra del Sol recargada en la torre poniente de la Catedral, al lado de lo que fue el Palacio de Atzayácatl, lugar que eligió Hernán Cortés para alojarse con su gente durante la conquista, en esa misma plaza que es frontera simbólica de transformaciones históricas y que muy desafortunadamente la actual clase gobernante prefiere utilizar como estacionamiento. Durante los siglos XIX y XX la negación y el silencio sobre la importante participación de las personas africanas y afrodescendientes estuvieron vinculados al desarrollo de ideas racistas y a la glorificación del mestizaje, enaltecido como resultado de la unión de indios y españoles. Al contrario de los postulados del racismo europeo, se consideró que en el mestizo estaba la fórmula que debía promoverse para forjar la unidad demográfica y cultural de la nación. En la creación de esta ideología se omite la evidencia histórica y contribución de las personas africanas y afrodescendientes en la composición demográfica y conformación del país. Se argumentaba que cualquier otro grupo humano distinto al europeo era inferior, que sus características físicas indicaban menores capacidades intelectuales y de adaptación al progreso. Las personas con fenotipo negro se consideraban una raza indeseable, portadora de vicios e incapaz de adaptarse al progreso. Trabajadores caribeños de color arribaron a Yucatán y a Coahuila en siglos posteriores, aunque actualmente son más visibles las personas descendientes de africanos en la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, así como en los puertos de Acapulco y Veracruz. Su presencia ha sido importante en la ciudad de México, Puebla y Morelia, y seguramente muchas personas de Morelos, Michoacán, Guanajuato, Querétaro, Zacatecas, Yucatán y Jalisco ignoran que sus ancestros provenían del continente africano. Parte de nuestra riqueza cultural, de nuestra comida, estética, música y danza tiene influencia africana; sus saberes en medicina, agricultura y arquitectura están en la raíz de diversas tradiciones mexicanas. Tienen influencia de ese continente que está del otro lado del Atlántico y que no nos es ajeno.

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