martes 31 de enero de 2012

¿Libertad para elegir?

/ 27 enero 2011
Esta semana participé en el foro sobre las mujeres del Movimiento Progresista realizado en Ciudad Juárez con la presencia de Andrés Manuel López Obrador. Lo más impactante fue la presencia de mujeres rarámuris y de algunas denunciantes de feminicidios que no han perdido la esperanza por el cambio verdadero. El cuerpo se cimbra al pararse en una entidad que hoy es el paradigma del hambre y evidencia del extremo al que la violencia contra las mujeres puede llegar. Tereza Incháustegui, nuestra diputada federal feminista, presentó datos recientes que hicieron que se tambaleara la tribuna: a diferencia de los hombres, que mueren en su mayoría por uso de arma de fuego en riñas que se producen generalmente en los espacios públicos, más de la mitad de las mujeres asesinadas mueren en sus casas. La edad también hace diferencia: la mayor parte de los hombres asesinados mueren entre los 18 y los 40 años, en cambio 7 por ciento de las defunciones femeninas con presunción de homicidio corresponden a bebés de menos de cinco años, las niñas y adolescentes alcanzan a representar 22 por ciento de todos los feminicidios, y la edad más frecuente se ubica en 17 años.
El foro fue también ocasión para presentar un manifiesto por la igualdad, en el cual las mujeres expresamos la necesidad de impulsar un conjunto de políticas públicas que incorporen la perspectiva de género en el nuevo proyecto económico, social y cultural de la nación, que se firmará el próximo 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres. López Obrador confirmó su compromiso con la seguridad pública de las mujeres sin incrementar la violencia, la integración de una comisión de la verdad con abogadas y defensoras de derechos civiles de inobjetable honestidad. Reconocer con los hechos la igualdad de la mujer en el trabajo, el salario, las condiciones laborales y en la vivienda; salud integral y guarderías para todas, oportunidades de estudio y empleo para las y los jóvenes, así como combatir el machismo, la pobreza, la desigualdad y la impunidad. Se trata del candidato que ha demostrado que no le tiene miedo a la igualdad en el poder, que gobernó el DF con un gabinete integrado 50 por ciento por mujeres muy brillantes, y que comprende la importancia de atacar las causas por medio de políticas públicas, y no sólo enfocándose en sus efectos, como pretenden hacer los gobiernos neoliberales; no puedo estar más de acuerdo cuando él afirma que “la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia”.
La diferencia con otros procesos electorales es abismal. Es muy triste constatar el grado en que la explotación laboral sigue siendo un instrumento de control político y el largo camino que falta para que las mexicanas pasemos a ser sujetos políticos y no sólo objetos de manipulación. En pleno siglo XXI las prácticas electoreras son una vergüenza; recientemente me percaté del grado en que el derecho a elegir a tus gobernantes es un lujo de clase, y también de sexo.
He aquí una anécdota que me dejó helada, atónita, hace un par de meses. Terminando un curso sobre género y sexualidad para docentes que trabajan con jornaleros agrícolas del estado de Sinaloa, se sentaron a comer conmigo un grupo de las maestras participantes. Ellas querían desmentir a un compañero maestro que en la sesión sobre género y poder afirmó que las maestras iban a votar por Peña Nieto porque es guapo: “No vaya usted a creer eso que dijo el compañero, nosotras no somos tan tontas; ciertamente vamos a votar por Peña Nieto, pero no por guapo”. ¿Así que Enrique Peña Nieto es su candidato? –pregunté–. “Bueno, es a quien vamos a apoyar en la campaña. Mire usted, maestra, cuando uno se recluta con el PRI la situación se nos mejora, nos llaman a participar a las campañas, nos dan nuestra camiseta, gorrita, folletos bien bonitos para repartir en la escuela, todo muy bien organizado. Los fines de semana nos vamos a las colonias. En la pasada contienda electoral yo asistí todos los fines de semana, nos pasaban lista de asistencia y nos apoyaron. Después de las elecciones me gané la plaza, antes ganaba 4 mil pesos y ahora casi gano el doble. Como le digo aquí a mis compañeras que todavía no tienen plaza: apúntense a la campaña del PRI, ese es el camino. No sé hasta dónde usted lo comprenda, pero mire, yo soy madre soltera, sostengo a tres hijos, y pues, es la manera como vamos sacando adelante a la familia”. ¿Quién les señala cuál es el candidato que deben apoyar? –cuestioné–. “Los jefes, los de arriba, ellos saben a quién nos toca apoyar. Y usted, ¿quién es su candidato?” –me inquirieron–. Yo soy chilanga y mi candidato es Andrés Manuel López Obrador. Allá en la ciudad de México hemos tenido los mejores gobernantes de todo el país. “Sí es cierto –afirmó la maestra–, yo también adoro a López Obrador. Por acá estuvo en Culiacán, no se imagina cuánta gente se juntó, el bulevar estaba atascado, paró todo el tráfico”. ¿Fueron ustedes? –reviré–. “No, cómo cree. Vayan a vernos y hasta ahí llegó la plaza y nuestro trabajo. No, no nos vamos a arriesgar”. Bueno, pero si el voto es secreto, ¿votará por Andrés Manuel? “Ay, maestra, cómo se ve que no sabe, aquí los supervisores revisan los resultados de cada una de las casillas, y si ven que no ganó el del PRI, ¡para qué le cuento! Usted sí que es una mujer afortunada, usted sí puede votar por el que le gusta ¿Quién pudiera?

Feministas al poder

/ 13 enero 2011
Si hay un movimiento que ha cambiado la cultura es el feminista, y si hay un movimiento que no ha alcanzado sus objetivos es el feminista. Es tal vez el más novedoso movimiento cultural del último siglo, porque logró producir múltiples transformaciones sociales, llevó a redefinir la historia y el propio concepto de cultura, las relaciones del ser humano con la naturaleza, las formas de comunicación social y la idea de democracia. El feminismo es un pensamiento crítico a la tradición cultural de Occidente y a las estructuras de poder establecidas, una manera de pensar y de vivir que se centra en la universalidad de los derechos humanos y en la búsqueda de la igualdad.
En la actual coyuntura electoral es crucial que mujeres feministas participemos en el Congreso de la Unión a fin de avanzar en asignaturas pendientes, para impulsar el tránsito hacia un nuevo proyecto de nación, para que mujeres y hombres convivamos con las mismas oportunidades de desarrollo y crecimiento en un contexto social de paz.
Malú Micher, como precandidata al Senado por el Distrito Federal –actualmente dirige el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal y antes fue diputada local y federal–, tiene estatura para esa instancia porque ya impulsó sustanciales cambios legislativos de género y ha ejercido la gestión política en esta ciudad que es vanguardia en los derechos de las mujeres; además cuenta con el apoyo de mi persona como suplente, lo cual nos permite consolidar una plataforma feminista en el Movimiento Progresista.
Nuestras propuestas parten de la institucionalización de la perspectiva de género en todas las acciones y niveles de gobierno. Porque los derechos humanos de las mujeres son eje de la democracia gobernable y camino para garantizar el goce de las libertades y oportunidades en igualdad de condiciones. Porque es necesario construir una cultura política ciudadana donde no tengan cabida la corrupción ni la impunidad; porque desde el Congreso se pueden ratificar las o los titulares de algunas dependencias de la administración pública federal, así como fortalecer la transparencia en un marco de rendición de cuentas; es un lugar desde donde se puede dar seguimiento y evaluar el impacto de los funcionarios en la igualdad social y de género, dando preferencia a los hogares con pobreza.
El fortalecimiento de una ciudadanía plena exige impulsar el empoderamiento de todas las mujeres (urbanas, campesinas, indígenas) a través de su participación social e incorporación al desarrollo social, económico y artístico; de ahí la necesidad de realizar modificaciones a la reforma laboral para la conciliación de la vida laboral y familiar, la dignificación del trabajo doméstico, así como la erradicación de la discriminación laboral y del hostigamiento sexual.
Es también necesario fortalecer las instancias y los mecanismos creados ex profeso para garantizar el acceso de las mujeres a la justicia y a una vida libre de violencia, su particiación en el desarrollo sustentable y en la protección y rehabilitación de los recursos naturales, y realizar diversas reformas legislativas que incentiven el ejercicio de la paternidad responsable y garanticen el respeto al interés superior de las niñas, los niños y adolescentes.
Para ser libre y realizar los planes de vida hay que hacer universal la educación integral de la sexualidad, en especial en las entidades gobernadas por las derechas del PRI y del PAN; es imperativo garantizar el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva especializados para niñas, adolescentes, jóvenes y adultas, con calidad, calidez e interculturalidad.
La integración de los aspectos arriba mencionados en políticas, planes y programas exige la elaboraración de presupuestos con perspectiva de género, asignar y distribuir los recursos públicos a partir del análisis de su impacto diferenciado sobre las mujeres y los hombres, sin que la ganancia de un sexo implique pérdida para el otro.
Por eso hay que desear abierta y sinceramente el poder, revertir desde el ámbito legislativo la inequidad del acceso al poder político de las mujeres, en especial de quienes comprenden el empuje transformador de la agenda feminista. En una sociedad tan injusta como la nuestra, cada centímetro de igualdad cuesta. Vencer el miedo a la igualdad es creer en ella como fin y no como medio, nos arrastra a la ética: ¿acaso pueden caminar juntos ética y poder?

¿Nacerá nuevamente el Sol?

/ 30 diciembre 2011
Wirikuta y la sierra de Catorce se encuentran actualmente amenazadas por la actividad tóxica y devastadora de los yacimientos que proyecta explotar la compañía canadiense First Majestic Silver. En vez de que el Estado proteja los derechos de los pueblos originarios, reconocidos en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), permite concesiones que violan el Programa de Manejo del Área Natural Protegida de Wirikuta, así como la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente.
Corren el riesgo de contaminación por cianuro y desecamiento los manantiales sagrados del pueblo wixárica o huichol que se encuentran dentro de las cuencas de las venas de plata a explotarse en Real de Catorce, el acuífero podría quedar expuesto a una sobrexplotación cuya capacidad de recuperarse es muy baja. Además de los sitios sagrados, 16 centros de población sufrirían los efectos negativos de las fuentes de agua.
Tratan de recrear la producción de las minas que hace 200 años enriquecieron a la Nueva España, en donde los palacios, murallas e iglesias dieciochescos de Real de Catorce son ahora esqueletos de piedra cubiertos de nopales. Un espacio en que conviven peregrinos huicholes en camino al Cerro del Quemado, o Leunar, con grupos mestizos y descendientes de los mineros, quienes prefieren adorar a San Francisco y a la Virgencita, que plagan sus túnicas con milagritos de plata, que es el valor de uso del producto de las excavaciones que otrora florecieron en la zona.
El proyecto actual no sólo arruinaría el ecosistema sino un patrimonio espiritual que sostiene la sacralización en un mundo que se desacraliza. Leunar es el lugar donde cada año y desde hace 2 mil años nace el Sol. Una puerta sagrada que nos enseña, a quienes estamos privados de las claves místicas, que la civilización nos ha llevado a perder la condición humana y a olvidar que el equilibrio del planeta depende de la conducta de todos y de todas: los huicholes saben que es el hombre el que piensa el Sol y el que lo alimenta. A diferencia de otros grupos indígenas, el pueblo wixárica huyó de la dominación colonial refugiándose en lugares inaccesibles para conservar su libertad y su herencia cultural, para sostener un sentimiento religioso que abarca todo el ámbito de la vida. El culto al venado-maíz-peyote es una manera de conservar una actitud vital ante la segregación y el genocidio que se inició con la conquista española.
En ese paisaje rodeado de cactáceas, dice Fernando Benítez que son como milagros naturales por el mayor volumen de agua que tienen en comparación con otras plantas. Se trata de criaturas vegetales vivas, frescas y húmedas que crecen sobre el piso árido y seco del desierto. Montes dorados que no sabemos si reflejan los rayos solares o el oro del subsuelo, yucas que parecen figuras humanas se transforman en familias con atuendo huichol. Venados de tamaño normal y sobrenatural pueden aparecerse a los iniciados.
Debajo de Leunar, en los llanos bajos crece el peyote, cacto sagrado que tiene el poder de relacionarnos de manera directa con la naturaleza y al mismo tiempo llevarnos a explorar el mundo interior, un viaje que nos aleja y acerca a lo más propio y que deja la debilidad al descubierto. El paso de lo profano a lo sagrado es un espacio mágico que se vive cuando al caminar desaparecen las obras del hombre, cuando se transita de la tensa emoción espiritual al juego y la alegría, y de la risa al buen humor. En la fiesta del peyote, el abuelo fuego ocupa el lugar central y observa con sus mil ojos luminosos cómo sus hijos se pierden en el delirio mezcaliniano. En el corazón del fuego se proyectan las fantasías y los temas personales, porque cuando el fuego se apodera de los leños puede ilustrar nuestras ideas, un recurso anterior al tiempo de los libros, de esa expresión escrita que da continuidad a nuestro pensamiento. El fuego, en cambio, es lenguaje originario que da continuidad directa a nuestras fantasías. Su flama nos revela los múltiples sonidos de la tierra, el contorno de plata que tienen las plantas y la luz propia de las piedras, una luz que mata a la propia muerte y saca vida de la muerte.
Se trata de un culto que inhibe y libera, que al pasar de lo ceremonial a lo lúdico hace posible alcanzar la cúspide de Leunar y así lograr que vuelva a nacer el Sol. La urgencia de defender el sitio ha forzado de manera violenta el regreso de lo sagrado a lo profano, hasta que nuevamente puedan los huicholes retomar sus prácticas rituales, algo que deseamos logren en el próximo año. Hay una paradoja que confirma las buenas razones de quienes se rebelan contra el nuevo proyecto de explotación minera: en las zonas de Real de Minas que dieron origen a grandes riquezas del país se asientan hoy los pueblos más pobres.

Traición al Estado laico

Traición al Estado laico

/ 16 diciembre 2011
Policías que matan estudiantes, más muertos y más violencia cada día, y cada vez más urgente la necesidad de lograr un cambio verdadero. Enfrentamos una guerra material y cultural, el peor momento del país que me ha tocado vivir.
Pero a los legisladores del PAN y del PRI lo único que les preocupa es la campaña electoral, y como al votar juntos suman las tres cuartas partes que exige toda reforma constitucional, esta semana quisieron ganarse al episcopado mexicano al cambiar el artículo 24 de la Constitución; pero el intento les falló, y ante las irregularidades del proceso ayer las y los legisladores de la izquierda tuvieron que tomar la tribuna. Esperamos que no vuelvan a presentar una reforma que atenta contra el Estado laico.
La reforma pretendida no es menor. Querían cambiar el concepto anterior de libertad de creencia por el de libertad de conciencia y religión, además de derogar el párrafo que sujeta la realización de los actos de culto público en los templos, lo cual tiene un gran riesgo: abre la puerta para difundir ideas religiosas en los espacios públicos, en las calles, en los medios, y –en la concepción del episcopado– la libertad de religión podría incluir a las escuelas públicas.
Increíble pero cierto, lo que los jerarcas eclesiales perdieron frente a Benito Juárez en 1857, frente al Constituyente de 1917 y en la Guerra Cristera, quieren recuperarlo en pleno siglo XXI. La gravedad de la reforma pretendida es el riesgo de quitar al Estado la hegemonía de la educación y echar atrás un proceso que permitió que las prácticas religiosas se circunscribieran a la vida privada, que los mexicanos fuésemos formados con base en los valores democráticos y constitucionales, en los conocimientos científicos y en las humanidades, una reglamentación que durante 150 años nos permitió modernizarnos y secularizarnos, ejercer los derechos humanos y ser libres.
Se trata de una iniciativa innecesaria y discriminatoria porque ya esta contemplada la libertad de creencias y de culto en la Constitución, pero ahora querían otorgar grandes privilegios a la jerarquía católica sin brindar ningún beneficio al resto. Se vulneraría la democracia porque discrimina a muchos católicos que no comulgan con las ideas de los obispos, a las minorías religiosas y a quienes no profesamos ninguna religión.
Las principales víctimas de la desregulación de las ideas religiosas serían las familias pobres: las niñas, los niños, los jóvenes, las mujeres y las minorías sexuales, las familias de hogares marginales, rurales e indígenas, así como quienes tienen menor capital cultural y cuentan con menos libros e información en casa. Porque la difusión del catolicismo en los espacios públicos no sólo promueve el amor al prójimo, sino que puede deformar el derecho a la información y atentar contra los derechos sexuales y reproductivos: cuando desprecia el erotismo y distorsiona el vínculo del amor y la sexualidad, cuando devalúa las capacidades de niñas, niños y adolescentes al negarles el derecho a la información y dejarlos más vulnerables al abuso sexual y la pederastia, cuando discrimina a solteros y solteras con vida sexual activa y a las minorías sexuales, al promover la virtud de la castidad y de la virginidad, al condenar los pecados de la masturbación, la fornicación, la pornografía, la prostitución y los actos homosexuales; y limita el acceso a la salud reproductiva y a la maternidad voluntaria, al proscribir el condón, los métodos anticonceptivos y la interrupción legal del embarazo.
Esta semana PRI y PAN perdieron una batalla contra el Estado laico pero ganaron otra: no lograron cambiar el artículo 24 para que los ministros religiosos llamaran a votar por sus siglas, pero triunfaron al traer al Papa y así poder manipular a las masas en plena campaña electoral.
Las elites políticas deberían tomar en cuenta la opinión de las nuevas generaciones, quienes actualmente representan la mayoría de los votantes. De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Juventud 2010, 60.9 están en desacuerdo en que la Iglesia participe activamente en la política, 49.4 por ciento considera que la Iglesia no tiene una respuesta adecuada para los problemas sociales concretos del país, 66.2 por ciento de los jóvenes y 54.20 de ellas utilizaron un anticonceptivo en su primera relación sexual, y en cuanto a sus creencias 83 por ciento son católicos, 7.8 son cristianos, y actualmente 7.9 no tienen ninguna religión, lo cual aumentó 4.9 puntos porcentuales en cinco años.
La historia nos enseña que brindar mayor libertad de acción a las elites religiosas no garantiza una convivencia pacífica ni armoniosa sino todo lo contrario. Para evitar enrarecer más el ambiente electoral o calentar los ánimos en un caldo de cultivo tan violento como el que prevalece en nuestro territorio, habría que fortalecer la laicidad del Estado, denunciar lo peligroso de vulnerarla y además solicitar al Vaticano que posponga la visita del Papa para 2013. Aunque parece que la violencia no es un asunto que les quite el sueño ni a los candidatos ni a los legisladores de la derecha.

Las argumentaciones de Carlos Pereda

/ 2 diciembre 2011
Qué tanto puede contribuir la argumentación filosófica a la hora de hacer políticas públicas? ¿Qué de la filosofía puede ayudarnos a la construcción de la política sexual de este país? Estas preguntas me surgieron al escuchar a Carlos Pereda hablar Sobre el extraño oficio de hacer filosofía en América Latina, conferencia con la cual clausuró el homenaje a su persona organizado la semana pasada por el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM.
Sin tener credenciales para hablar desde la tradición filosófica y tomando el riesgo de simplificar la filosofía del doctor Pereda, corro esta aventura como un homenaje cariñoso. Porque pienso que contar con nociones básicas de su filosofía enriquecería las actividades de política sexual que realizamos las organizaciones civiles, mejoraría los debates académicos entre las y los compañeros antropólogos, los diálogos con demógrafos, médicos, sociólogos, sicólogos, pedagogos y demás; en especial, creo que nos permitiría abrir nuevas ventanas para el trabajo de gestión política con legisladores, políticos y activistas.
Entre sus críticas, Carlos Pereda enuncia el vicio de reducir la filosofía, así como los problemas políticos y morales, a discursos científicos y técnicos, tratarlos como si fueran “una entidad física”; en otras palabras, abordarlos como ciencia natural. Al transportar esa crítica al campo de la política sexual, la filosofía aparece como un marco necesario; no olvidemos que la sexualidad son normas, son ideas y regulaciones sobre los usos del cuerpo, y que el mismo discurso científico de “la sexualidad” ha intentado legitimar –desde la biología– una sola orientación sexual como válida y un género como el dominante por encima de otro. Como dijera Octavio Paz: “Nada más natural que el deseo sexual, y nada menos natural que las formas en que se manifiesta y se satisface”.
Las argumentaciones del profesor Pereda no son aburridas, por el contrario, tienen el don de provocar a la razón con gran amenidad. Así nos habla del fervor sucursalero, filósofos atrapados en el vicio colonial de escuchar siempre voces extranjeras y quedar cautivados en corrientes de pensamiento creadas en algún lugar lejano: las casas matrices del pensamiento. Ellos pueden pasar el resto de la vida paralizados repitiendo fórmulas aprendidas que poco a poco van perdiendo su contenido hasta que el trabajo se reduce a la administración de franquicias. La categoría de fervor sucursalero me lleva a confirmar la dificultad para construir teoría sexual desde América Latina, la necesidad de plantarse trabajos de largo alcance y de construir categorías que posiblemente nos permitirían comprender problemas de gran actualidad en la región: los feminicidios, los usos del cuerpo entre mujeres indígenas y cristianas, el abuso sexual en ambientes de corrupción y narcotráfico, por señalar los urgentes. Pero ¿cómo enfrentar el desafío de pensar por cuenta propia? ¿Cómo superar la afiliación a teorías construidas en situaciones lejanas? Se nos alerta además del afán de novedades a fin de evitar amurallarse en un autor o caer en la lógica consumista de “estar al día”, con riesgo de perder la posibilidad de mirar la circunstancia que nos rodea. ¿Cómo descolonizarse sin caer en entusiasmos nacionalistas?
Además, cualquiera puede ser presa de la razón arrogante, categoría de Pereda para referirse a quien le importa mucho mostrar su pertenencia a un lugar geográfico o herencia cultural, a una profesión o institución, a un movimiento social o partido político, y cuya filiación no sólo le demarca, ampara y reconforta, sino que desde esa adhesión recibe con desdén los deseos o creencias de quienes se oponen, una actitud prepotente que se resiste a las preguntas críticas y que puede llegar al extremo de inmunizar las propias ideas. Las feministas tendríamos que interpretar, por ejemplo, las razones de quienes piensan que hay equidad de género, y no solamente desdeñar sin más las disquisiciones en torno a normas y valores que nos molestan. La filosofía es también el arte de interrumpirse –afirma el profesor uruguayo y naturalizado mexicano–, es darse tiempo para argüir, indagar, para rexaminar una situación y asumir una no posición. La perspectiva de la extrañeza puede también tomar forma de razón porosa, una alternativa que ofrece hacerla permeable, no para cerrar las puertas sino para abrirlas.
Es una pena que en este país se prefiera la cerrazón y no se escuche a los filósofos. La Secretaría de Educación Pública realiza un “atentado” contra la enseñanza al rehusarse a incluir las disciplinas filosóficas en el bachillerato, tal como informó el Observatorio Filosófico de México. Habría que recuperar la ética en el Congreso, en las juntas del gabinete y de los gobiernos estatales, hacer que la lógica y la ética ordenen el trabajo legislativo y las políticas públicas. ¿Se puede detentar el poder desde la bondad y la austeridad? ¿Será posible acabar con la corrupción? Me temo que este no es un problema filosófico sino político, o tal vez está en el umbral de ambas esferas.

Un fantasma recorre el mundo

/ 18 noviembre 2011

Las luchas feministas en México de 1910 a 2010 se relatan en Un fantasma recorre el siglo, libro coordinado por Gisela Espinosa Damián y Ana Lau Jaiven, de la Univeridad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
Como anuncia el título, se trata de un fantasma, de un cuerpo espiritual, un ánima, como esa que nos visitó el Día de Muertos, sólo que el feminismo se quedó visitándonos todo un siglo. Emile Michel Cioran nos ayuda a comprender a los fantasmas: “He escuchado, he visto y he tenido miedo: miedo de actuar por los mismos motivos o por cualquier otro motivo, de creer en los mismos fantasmas o en cualquier otro fantasma.… de delirar en común. (…) El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora, aunque el Mal es el más activo de los dos. Pues con demasiada frecuencia el Bien haraganea. (…) Por malo o muy horrible que sea un monstruo, nos atrae secretamente, nos persigue, nos obsesiona. Representa, aumentadas, nuestra superioridad y nuestras miserias, nos proclama, es nuestro portaestandarte” (Breviario de podredumbre, 1991).
El feminismo es un movimiento que cuestiona el poder, y el miedo es aliado del poder. Se trata de mujeres muy peligrosas que quieren cambiar el régimen y terminar con las desigualdades; que exigen sus derechos, quieren ser libres y pretenden realizar sus deseos. Son un peligro para México, para decirlo en términos del siglo XXI.
Historiadoras de la Revolución Mexicana, del cardenismo, nos llevan a viajar hasta las primeras décadas del siglo pasado; luego paseamos por un conjunto de experiencias relatadas por las protagonistas que ilustran la diversidad de feminismos en tres décadas del neoliberalismo: las socialistas, las comunistas, las liberales, las sindicalistas, las ambientalistas, las indígenas, las académicas, las radicales. Voces de tantas y cuantas mujeres que actuaron por la igualdad de clase y de etnia, por la presencia de la mujer en la escuela, en el trabajo, en el campo, en el ámbito público, en los medios de comunicación, en las organizaciones civiles y en las instituciones gubernamentales; que libran las batallas del cuerpo, de la diversidad sexual, del aborto y la no violencia. En todos los artículos nos cuentan una historia en su contexto sin eludir las tensiones externas e internas. Un verdadero diccionario conceptual para quien quiera comprender cómo se han construido los conceptos ligados al género y al feminismo.
Sólo me detengo en algunos fascículos. Como el de Martha Eva Rocha sobre Feminismo y Revolución. Atractivas resultan las anécdotas de las mujeres que no temen tomar un rol masculino e irrumpir en el ámbito de la guerra, como enfermeras, soldaderas y soldados. Campesinas, maestras y mujeres de clase media ilustrada, poetas y periodistas organizadas en clubes y algunas en partidos. Indignadas por el fraude de 1910 organizan una campaña de oposición al gobierno de Porfirio Díaz. Hacen acopio de armas, son espías, se mueven con documentación cosida entre su ropa; denuncian crímenes y arbitrariedades. En 1911 llegaron a creer que en las urnas iba a darse el cambio. ¡Qué familiar nos suena todo eso! ¿Acaso estaremos viviendo circunstancias parecidas a las que propiciaron el levantamiento armado de hace un siglo?
También creían que la pluma era un arma de lucha. Hermila Galindo escribía en la revista La Mujer Moderna: “Hay que ampliar los horizontes sin descuidar el lugar de la mujer en la familia y en el hogar. Es necesario liberar a las mujeres de la tutela clerical, del fanatismo religioso, porque el instinto sexual es parte del amor maternal”. Ella pensaba que debía haber una sola moral para ambos sexos “porque la ciencia ha demostrado la existencia del deseo y del placer femenino”.
El artículo de Ana Lau Jaiven, Feminismo y sufragio, muestra que el ser excluidas no impidió a las mujeres de los años 20 ser intermediarias e influir en la política. En la lucha por el voto femenino fueron condescendientes, asumieron que no estaban preparadas, que había que darles educación antes de luchar por el derecho a votar. La nueva ola del feminismo comenzó en los 60, cuando la mujer accede a la educación superior, se comercializa la píldora anticonceptiva, triunfa la revolución cubana y se rechaza la guerra de Vietnam, cuando surge la revolución sexual y el rock and roll, la primavera de Praga, el 68 de México. Pero el feminismo civil no se visibilizó sino hasta la década de los 90; densas etnografías con informantes de todas las regiones del país dan testimonio de organizaciones de la sociedad civil que trabajan con una visión social y pedagógica.
Tantos años, tantas luchas para confirmar que el género cambia con la historia, pero se perpetúa en la cultura; que a los derechos económicos y sociales sólo han tenido acceso las mujeres de las clases media y alta; y que el sexo sigue señalando relaciones significantes de poder. ¿Se hubiesen logrado los mismos cambios sin el levantamiento armado de 1910? ¿Evitando el saldo de un millón de muertes?
Hoy las izquierdas reunidas en el Movimiento Progresista, heredero de la resistencia civil pacífica que encabezó Andrés Manuel López Obrador y de los gobiernos del Distrito Federal, apuestan por la vía legal, por un cambio de régimen por medio de las elecciones, sin más muertes. Vuelvo a Cioran: “El mundo está tan mal que hay que seguir un camino inverso al que hasta ahora hemos tomado”.

Ofrenda a los jóvenes

Ofrenda a los jóvenes

/ 4 de noviembre 2011

Mientras en México marcamos con pétalos de flores de cempasúchil el camino que siguieron más de 50 mil ánimas-víctimas de la guerra contra el narco al visitarnos en la avenida Reforma, al otro lado del mundo nació la habitante número 7 mil millones del planeta. El crecimiento acelerado de la población mundial comenzó en 1950, a raíz de reducciones en la mortalidad en las regiones menos adelantadas, lo cual redundó en una cantidad estimada en 6 mil 100 millones de personas en el año 2000, casi dos veces y media la población de 1950. Y a raíz de la disminución de la fecundidad en la mayor parte de la Tierra, la tasa mundial de crecimiento demográfico ha disminuido en el lapso 1965-1970.
Por eso el vigor que caracteriza a la población mundial es que la cuarta parte está constituida por jóvenes entre10 y 24 años de edad. Esta cohorte de jóvenes es la más grande que jamás haya existido. Por su tamaño y las condiciones en que vive la nueva generación se ha levantado en importantes movimientos sociales en distintos puntos planetarios: ha decidido indignarse frente a las extremas desigualdades y las precarias condiciones en que vive y en que muere.
Cada año fallecen 2.6 millones de jóvenes, la mayoría de estas muertes pudieron evitarse. Cerca de 97 por ciento se producen en países de bajos y medianos ingresos. Se trata del único grupo etario en el que no han disminuido las tasas de mortalidad. Traumatismos no intencionados y actos de violencia son los factores que más afectan a la juventud. Cada día mueren mil jóvenes por traumatismos causados por accidentes de tránsito; otras de las principales causas de fallecimiento son el homicidio, con 12 por ciento de las muertes de varones, y el suicidio, con 6 por ciento de las defunciones de hombres y mujeres jóvenes, según la Organización Mundial de la Salud.
En las causales de muerte, la diferencia por sexo es una variable significativa. Las primeras cinco causas de fallecimiento de los mexicanos de 15 a 19 años corresponden a muertes violentas: la primera causal es por accidentes de tránsito: 18.8 por cada 100 mil hombres adolescentes; la segunda, homicidios, cuya tasa alcanza 11.3; le siguen suicidios, con 7.3, ahogamiento y sumersión accidentales con 5.6, y como peatón en accidentes de tránsito mueren 4.4 por cada 100 mil adolescentes. Entre las jóvenes los accidentes de vehículos de motor son también primera causal, aunque con una tasa de 5.6; después están los suicidios, 2.7; la nefritis y nefrosis, 2.4, y la leucemia, 2.4. La muerte por homicidio ocupa el quinto lugar con una tasa de 2.1 por cada 100 mil adolescentes (Inegi, 2007).
La comprensión del origen de la violencia en los varones es una expresión central de la relación entre masculinidad y salud mental; en la actualidad hay que contextuarla en el narcotráfico, la corrupción y la pobreza creciente. Como expone Benno de Keijzer en su tesis doctoral sobre masculinidades, “la mayor parte de los varones son socializados dentro del modelo dominante de masculinidad que privilegia los valores de la fuerza, el manejo del poder y la autoridad, la superioridad sobre la mujer y sobre otros hombres. La socialización masculina no se reduce a la agresión hacia la mujer, la violencia entre hombres es un recurso para competir, subordinar y enfrentar o ‘solucionar’ conflictos, se ejerce hacia las mujeres, niños y niñas, hacia otros hombres y hacia el hombre mismo”. La subjetividad humana es una de las dimensiones críticas para la comprensión de la violencia y Kauffman –uno de los primeros teóricos del tema– insiste en que se analice a los hombres no sólo desde la crítica al poder, sino también desde el dolor.
El dolor surge precisamente de la misma fuente que el poder: la experiencia contradictoria que los hombres tienen del poder. La insensibilidad masculina, esa falta de capacidad para percibir una diversa gama de sentimientos, haría que tampoco puedan percibirlos en los demás, actúan desde una coraza, ya que muchos hombres se sienten encerrados en sí mismos, tienen el deseo de acercarse a otras personas, pero se sienten incapaces. Como si durante el proceso de crecimiento hubieran aprendido a dejar atrás su ser emocional. Muy articulado al manejo de los afectos están las diversas funciones que cumple el alcohol en la vida de los hombres, sustancia que facilita la expresión de muy variados sentimientos y elemento privilegiado para transgredir normas comunitarias. Otro factor es la relación con el padre, la ausencia paterna por muerte, separación o abandono, y la presencia excesiva en términos de violencia y autoritarismo: ser testigo de la violencia en la infancia es un predictor de la violencia futura. Esto opera en forma de espejo en las mujeres que sufrieron abuso en la infancia y que de adultas sufren depresión. Para que el hombre cambie necesita aceptar y superar su propia violencia y ser flexible, aprender a vivir con cierto nivel de ambigüedad, porque al ser flexible acepta que el mundo y las personas que lo rodean pueden tomar decisiones inesperadas, en muchos casos opuestas a las suyas (Masculinidad, violencia, resistencia y cambio, CRIM/UNAM, 2010).
Los políticos tendrían que hacer una revisión de la influencia de los patrones dominantes y violentos de masculinidad a la hora de tomar las decisiones, y tal vez algún día dejemos de colocar en nuestras ofrendas a tantas víctimas de la violencia.